Cocina con vistas

Cocinas con vistas a la selva, con vistas a un lago, al océano Atlántico; incluso con una pared delante y una ventana pequeña siempre ves algo más allá en las cocinas cubanas. Algunas, muchas, de carbón que nunca deja de ser incandescente, otras de gas o eléctricas modernizadas gracias a la promoción que llevó a cabo el Gobierno para reducir el consumo. Son cocinas escuetas en condimentos y escasas en utensilios. Varias ollas a presión y arroceras que no cesan nunca de fabricar el alimento básico de cada día. Que no falte el arroz ni los frijoles negros.

Lo que nunca falta en una cocina cubana es la melodía impalpable y transparente pero habitando todo lo que toca. Puede ser que el menú sea repetitivo, durante mis 35 días en el pais no hubo uno en que no tuviera arroz blanco en mi plato, o bien arroz congrí, resultado de mezclar el arroz con frijoles negros los últimos minutos de la cocción. También puede ser que las ensaladas fueran prácticamente tomate y pepino, esporádicamente repollo rallado o lechuga. Como verduras acompañando comí yuca hervida o plátano verde cocido. Carnes, cuando hay carnes, han sido inumerables pollos y algunos puercos. Pero si cierro los ojos aún tengo delante las sonrisas que pusieron delante de mi esos platos llenos de calorías energéticas para mí viaje. Esas sonrisas de colores, de géneros, de todas las edades, donde puedes leer las diferentes razas mestizadas, sonrisas de delicia.

Sonrisas que se enorgullecen de poder servirte un plato lleno de comida. Ya sea pagado o invitado, pero siempre sonrisas. La primera vez que entré en una cocina de ascuas fue en la región de Viñales, en la fotografía. Me dijeron que me sirviera yo misma la yuca que quisiera. Me quedé paralizada mirando por la ventana. Había gallinas correteando y un puerquito pequeño que merodeaba. Los plataneros verde brillante me recordaban el carácter tropical y entonces entendí todo. Me imaginé esos pack de arroz rápido que se hacen en el microondas en 60 segundos y tienes todos los minerales y aminoácidos que nuestro cerebro necesita, o eso dicen, cling! suena la máquina te lo comes corriendo y sube a tu oficina de nuevo. Nunca, nada, imposible, jamás podrá ser lo mismo.

La melodía de una cocina cubana alimenta por sola. Aquella yuca plantada unos metros más allá de los plataneros y recolectada horas antes, con chicharrones (cortezas de cerdo fritas) y arroz me alimentó no sólo de energía sino de sueños y vitalidad.