Familias del mundo

De entre toda la magia que tiene para mi viajar, hay algo especialmente impactante, hablo de la capacidad que tienen algunas personas para hacerte sentir como si estuvieras en casa incluso con miles de kilómetros de distancia de por medio. No hay forma de que me familiarice con esa sensación, cada nuevo hogar que se hace mío me deja exhausta de la emoción. De alguna forma quisiera llorar o gritar o saltar para poder agradecer pero siempre me ocurre lo mismo, lo único que puedo hacer es dormirme con una sonrisa que no cabe en mí.

En esas familias siempre hay una madre, o una abuela que tiñen de vida todo el paisaje. Después de pedalear tres días por el continente isla llego con preaviso de que la familia Nuñez no tiene desperdicio. Tienes que subir por la loma, perderte un poco, y cuando veas un camino por donde nunca se metería un auto, ahí justo ahí es donde se partió el chasis de mi LADA me decía Sven para indicarme como llegar. Efectivamente sigo paso a paso su consejo y voy preparada para encontrarme con algo muy bueno. Nunca hubiera imaginado qué tan bueno iba a ser. Han pasado muchos días desde entonces y como decía antes, aún no he podido procesar que al minuto uno de estar en ese porche fuera uno más de todos ellos. Escribo estas líneas y se me encoje el corazón todavía. Fueron días de risas, de comer en una medio mesa con un medio plato, pero siempre ingredientes de su campo, desde los frijoles al arroz pasando por el pollo, el chancho o la yuca. Días de gritar y llorar con los chistes, de pasear por sus campos de tabaco, ananás, guayabas, sobre todo de austeridad material pero grandeza vital.

La mañana que me toca despedirme me siento inquieta. Siento tristeza real muy profunda. Cómo es posible si acabo de entrar en sus vidas y no quiero salir jamás. Así será porque nos decimos hasta luego llenos de lágrimas. Las miro a ellas y aún consigo contenerme, pero cuando miro a Ito, me parte el alma en dos.

La única explicación es que hay familias de sangre que vienen con el paquete, pero hay otras que son de corazón, y esas, aparecen con en mi caso en medio de un campo verde tabaco y se quedan para siempre contigo. Gracias familia.