Viaje al pasado

Aquí radio cuba amanece para sus guajiros con sol mucho sol. Tengan cuidado con sus cabezas porque hoy los vientos alisios soplan fuerte y caerán cocos.

Es la semana de conmemoración a José Martí, el grande que consiguió combatir y echar definitivamente a los españoles (1895, Guerra de la Independencia). Eso significa que hay alboroto en este país. Puedes percibir en el aire que José Martí es el procer para muchos. En algunas provincias tienen eventos, los niños y niñas en las escuelas leen sus textos, se le invoca y alaba de formas múltiples.

Por mi parte me centro en seguir respirando la tierra de Martí sobre dos ruedas. Después de 91 kilómetros pedaleando para avanzar camino hacia el litoral sur (aún en la zona occidental de la isla) caigo rendida, aunque sorprendida porque el cuerpo sigue respondiendo muy bien y cuidándome en el combate. Lo que de verdad me sorprende es la reacción de la cabeza a ritmo de pedales. Se queda en blanco simplemente. Esta sensación es nueva para mi, tal vez  las drogas me hubieran ofrecido algo similar…también algún estado de meditación supremo…yo en cambio lo alcanzo pedaleando. Para mi es increible porque entre otras cosas también soy hiperactiva mentalmente. Nunca había parado de pensar de esta forma hasta hoy. El ritmo de los pedales me ipnotiza y en algún momento caigo en la cuenta de que no recuerdo el último pensamiento consciente. No puedo situar en el reciente tiempo la última pregunta que me hice a mi misma, en quién pensaba, a quién deseaba, cuál fue mi último miedo, siemplemente estoy absorta por cada metro que avanzo y con eso tengo bastante para colmar mis pensamientos. Me transformo en una adicta al pedaleo mental. Creo que hay tanta entrada de información del exterior, que el cerebro entra en un estado de inercia y se deja llevar. Cada palmera es diferente a la otra, cada metro puede tener un agujero mayor, cada cerro se dibuja con un ángulo que dista del vecino. Así sucesivamente voy ganando distancias.

Y del mismo modo que Cuba cambia mi tiempo también me percato de que todo el tiempo aquí es diferente, no sólo en mi mente. Cuando te compras un pasaje para llegar a este lugar tu estás pagando un desplazamiento geográfico, esa es la oferta de la aeronlínea. Pero en realidad, lo que ellos no saben, es que en el combo viene un viaje al pasado incluido. Un viaje a otro tiempo diferente. Como otra dimensión. Soy muy consciente que exploro Cuba tarde , demasiado tarde. Desde que tengo recuerdo escucho la frase -Hay que conocer Cuba cuánto antes porque está cambiando muy veloz-, y aún así es como si paseara por la calles del pasado. Puedo ver a las mujeres en los portales bordando tapetes, a los hombres cortando maleza a machetazo puro, los niños jugando con palos que son espadas imaginarias, las abuelas reciclando cada papelito, cada hilo, cada embalaje para después transformarlo en una cajita, un servilletero, un cuadrito decorativo. Y eso queridas lectoras y lectores siempre fueron para mi las historias que me contaron mis padres de su infancia. Me siento caminando por una era lejana.

Del pasado al presente en un salto veloz. Cuando vuelvo en mi me divierto con mi bicicleta porque adelanto a todos (pocas mujeres vi en bicleta) en las bajadas pero en las subidas otro gallo canta. Los carromatos me sacan ventaja. Los caballos tienen paso constante, ellos siempre tiran adelante y con fuerza. Así que a veces sucede como una especie de carrera con los transeuntes del camnio. Ahora te gano yo, ahora me pasas tú…y vuelta a empezar en un sube y baja de carreteras. Pero lo que nunca falta es una sonrisa llena de polvo y falta de dientes, bien grandes de oreja a oreja en cada adelantamiento, independiemente de quien vaya ganando la carrera.